Algo está pasando y no está bien, la luz está temblorosa en las cortindas, el aire pesa gris, encima del pecho, la tormenta amenaza sin cumplirse en la ventana, los perros ladran nerviosos haciendo cadenas largas de comunicación entre azoteas. Las cuatro puertas están cerradas. Tiene mucho que no veo a los hombres en la casa, regresan las fiestas y las salidas. Me siento estable.
Los pasos en la escalera suben sin detenerse, sin saludar. Algo no está bien.
Están pasando las horas tan rápido.
Mi amiga se ha ido, sin despedirse. Estoy triste, no la veré por un tiempo que ni siquiera calculo. Mis tardes se quedan huérfanas sin ella. Se le olvidó o no le importaba.
Sigo esperando la lluvia. Solo oscurece.
lunes, 24 de mayo de 2010
viernes, 9 de abril de 2010
Estoy de vacaciones en casa de mis papás, es como volver el tiempo un año. Una vuelta completa de reloj y estoy de nuevo, en pijama a las 11 de la mañana desayunando con mi mamá y chateando aburrida en vez de trabajar o buscar paseo. Y me acomodo en la levedad apapachada, no quiero regresar a mi casa por más que extrañe mis cosas.
Tal parece que no ha pasado nada, me sorprende y preocupa lo fácil que resulta sentirme como si nada hubiera cambiado. De verdad nada ha cambiado en mi despues de 3 meses de vivir sola?
sábado, 9 de enero de 2010
Hoy desperté por primera vez en mi nueva casa. Desperté forzada por el dolor de cabeza que me dejaron los vasos de anoche, los de la sidra, del vino, de la cerveza, luego de qué? de algo que parecía ron o algo que no me acuerdo. Me despertaron también unos ronquidos en mi oreja y las ganas de correr al baño. Todo me duele y todo me sonríe, bajé por un café y no entendí casi nada del orden de la cocina, hablé por telefono en un sillón de peluche, escribo usando a mi chico de mesita aprovechando que no se despierta. Tengo frío,tengo mucho trabajo, no tengo muebles pero tengo un closet gigantesco. Pienso en mis papás, pienso en que me piensan. Quiero invitar a mis amigas. Tengo hambre. Sigo sin entender la cocina. Me siento feliz y mi estómago gruñe. Quiero ir a comprar huevos y tortillas. Quiero cantar.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Mi gato no ha llegado. Se perdío hace unos días. El martes por la tarde lo acariciabamos Valentina y yo y nos burlabamos de lo gordo que se estaba poniendo, y luego nos fuimos. Platicamos, paseamos, comimos quesadillas mágicas, al regreso discutí con Alvaro, una vez más, una vez peor, y caminé confusa llena de miedo a mi casa, me sentía ofuscada, escribí en automático y luego me dormí.
No me dí cuenta que no estaba, sólo lo noté cuando en la mañana no me pesaba nada entre las cobijas, no había run run para arrullarme, ni tenía a quién abrazar. Todavía no le di importancia, seguro estaba en cualquier lado, creo que ni lo pensé.
Paso el jueves, se me pasó el viernes completo, con dolores de riñon y el corazón comprimido sin mi gato y sin entender nada de los hombres ni por qué me enamoro de ellos.
Es sábado en la mañana y no ha llegado. No me quiero parar de la cama y él me hace mucha falta, su nariz siempre me ponía de buen humor, sus ojos sensuales, su lengua de lija del #8 siempre dispuesta a darme baños, su cuerpo lánguido que se acomodaba perfectamente entre los brazos y hacía de perfecto sustituto de un hijo o un amante dormido. Sus bostezos y su ptjfj ptjft pegajoso que me encanta imitar. Su ser gato.
Y no ha llegado! ni siquiera se asoma, lo extraño tanto.
Quiero pensar que está enamorado, y que lleva tres días sobre el tejado haciendo el amor.
Alvaro tampoco llega, espero que el no esté en el tejado.